Despedidas que no llegan...
Hay momentos en la vida y situaciones que nos llevan a tener que alejarnos de alguien o de algo, momentos que nos alejan de quién quizás en algún otro tiempo fue importante para nosotros, que pudimos llamar amor, o que se yo, y aún así, llegó un día, probablemente sin previo aviso, cuando tuvimos que despedirnos, aún sin despedirnos, que se quedaron palabras sin decir, cartas sin enviar, canciones sin bailar y planes sin cumplir, quizás no se veía venir y llegó el momento en que hubo simplemente que alejarse sin la oportunidad de decir adiós, sin la oportunidad de que hubiese una última plática, un último abrazo, un último apretón de manos o un último beso para poder decir adiós, para poder decir gracias por los buenos momentos, lo siento si en alguna ocasión te hice daño, hasta pronto y que te vaya bien; no todas las despedidas tendrían por qué ser tristes, no todas por las despedidas tendrían por qué ser para siempre, aunque a veces si parece lo mejor que así sea, y al menos mantenerse firme en la decisión es importante.
También hay algunas despedidas sorpresivas que no las decidimos, que simplemente ocurrieron y solo nos toca aceptar. Con el paso del tiempo uno va a aprendiendo a aceptar esas despedidas, principalmente esas dónde sabes que jamás existirá una nueva oportunidad de volver a ver a aquella persona a quien hubo que decirle adiós.
Pero, ¿Qué pasa cuando esas despedidas te dejan un huequito en el pecho y un dolor a un lado del corazón? ¿Qué pasa si cada vez que lo sientes los ojos se llenan de lágrimas y sientes un nudo en la garganta? Así me encuentro hoy, sintiendo que se han acumulado despedidas que no se pudieron vivir,personas que se fueron sin que pudiera haber una última plática, un último momento a su lado y un recuerdo más que poder abrazar cuando la melancolía nos alcanza y la nostalgia nos invade, quizás hubo despedidas que quisimos evitar porque no nos sentimos lo suficientemente fuertes para afrontar, o porque se sentía la flaqueza del momento y lo preferimos evitar, y sin embargo eso no significa que a la larga no nos hiciera pensar y reflexionar.
¿Cómo podemos entonces vivir esa despedida y soltar ese capítulo? ¿Cerrar paso a lo que duele y que quedé solo la gratitud y los buenos momentos? No podemos negar nada de lo vivido, nuestro presente y nuestra historia no se construye solo de lo que queremos escoger, es el cumulo de todo lo vivido y aprendido lo que nos ha llevado al momento y lugar donde estamos, negar alguno parte de esa historia podría, no solo llevarnos a vivir una mentira sino seguramente repetir algún error del cuál pensamos haber aprendido antes.
Entonces, yo tengo un plan, una sugerencia para todo aquel quien desee aceptarla, hagamos una lista, de aquellas personas que te quedaste con ganas de despedirte, aquellos quizás amigos que un día simplemente no se hablaron más, esos familiares que tuviste que decir adiós porque su vida acabo e incluso aquellas parejas con las que no funcionó y solo se acabó, de todos aquellos con quién sientes que hubo una plática pendiente, una reunión para poder decir adiós, y es que ese adiós no es malo, al contrario es el cierre que el corazón necesita para resanar el huequito que se siente y curar ese dolorcito que hay, en las palabras siempre encuentro sanación, es por eso que la propuesta es escribir, realizar una carta dónde plasmar esa despedida, puedes hacerla lo más detalladamente, dirigida a la persona de quién te faltó despedirte, puedes poner todo, lo bueno, lo que agradeces, lo que no vas a extrañar, lo que te hace bien de que no esté ya, lo que te dolió; en fin, que sea tan tuya que sepas que ahí va todo lo que se quedó sin expresar, y al final, cuando esté terminada la puedes tirar a una fogata o romperla, o si quisieras y lo crees prudente, envíala por correo. Recomiendo hacer esa carta a mano, para hacernos más conscientes de lo que escribimos y saber cada palabra que usamos.
Y así, estás despedidas que no llegaron pesaran un poco menos, nos dejarán soltarlas y que ese dolorcito del corazón sane un poquito, que se cierre ese huequito que nos hace sentir raros, y que sepamos que no porque la despedida no haya llegado significa que lo que un día sentimos no fue real, cada latido del corazón, cada momento de emoción, cada suspiro y sonrisa que nos robó aquella persona de quién no nos pudimos despedir, existió y fue real, tan real como el cariño y amor que alguna vez les expresamos, aunque hoy en día las cosas hayan cambiado y puedas ya no sentirlo más, o sí, pero ten paciencia y con el tiempo eso también lo abrazaras cómo parte de ti y podrás decidir si lo guardas o lo dejas ir, porque al final, gracias a tu trabajo y esfuerzo de cada día, las heridas sanan, los dolores pasan, los huecos se cierran o rellenan con nuevas experiencias y amores.
Hay despedidas que no llegan, eso es un hecho que no podemos negar, pero también hay amores que trascienden y van más allá de la despedida que no le pudimos dar, pues su historia y su vida tendrán influencias para el resto de la nuestra, y eso, eso vale por la despedida que no pudo llegar.
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